Al comienzo

Almas duales

Nos habíamos reunido para pasar todos juntos el sábado festivo. María me había pedido que perfumara la habitación con esencia de clavo e incienso. Tuve que apurarme, ya que después de la puesta del sol no estaba permitido hacer fuego, pero si María me lo pedía, entonces habría un motivo especial para ello.

Tres preguntas

Las dos semanas en las que los discípulos querían predicar pasaron rápidamente y al final de la segunda semana llegó a Betania un grupo inusualmente jovial. Informaron que Jesús se les había aparecido varias veces. La primera vez se les mostró en el Mar de Galilea y solo Le reconocieron porque se repitió la misma...

¿Me amas?

La casa de José de Arimatea se encontraba en las afueras de Jerusalén. El color azul suave tenía un efecto acogedor y las numerosas habitaciones del interior ofrecían muchas posibilidades. También pertenecían a la propiedad de José un pequeño terreno con diversos árboles frutales y otras dos dependencias adicionales, una de ellas era un gran...

La madre oveja

En silencio recolectamos algunas cestas de higos y cuando el sol de la mañana comenzó a hacerse más fuerte, regresamos a la hacienda. Yo estaba triste, pues estaba claro que a partir de ahora nuestra vida iba a cambiar totalmente. Después de Su muerte, cuando Él regresó, eso fue la gran felicidad, pues no tuve...

En la Casa del Padre

La hora en la que el Señor se marchó llegó de forma repentina e inesperadamente. Era temprano, al amanecer, entre la noche y el día. Para ayudar a María, Marta y Lázaro, queríamos recolectar higos que luego se venderían en el mercado. Nos dirigimos temprano por la mañana a las higueras que estaban junto al...

Confianza

Después del desayuno ayudé a María y Marta en la cocina y en las labores domésticas de la hacienda. Había mucho por hacer, pues todavía teníamos muchos invitados. El trabajo monótono de moler el grano era justo lo que necesitaba. Me senté en el suelo y comencé a moler el grano.

Brechas

Con gran peso en mi corazón vi a los hermanos que partieron al día siguiente muy temprano. Estaban llenos de dinamismo y querían ir a Galilea para informar sobre el milagro, que Jesús, el famoso sanador y rabino, había resucitado. Querían contar cómo murió en la cruz, cargó con el pecado del mundo y así...

Seguimiento

También al día siguiente experimentamos, el que Cristo se nos apareciera. El Señor nos dijo:  «Así os hablo Yo para que Me podáis comprender: Yo soy el Ungido, que a través de la Resurrección se convirtió en Cristo. Yo cargué con el pecado del mundo. Cuando llegue el momento, la humanidad lo entenderá. Yo soy...

Dudas

Salí a pasear en la noche fría. Había dado vueltas y más vueltas en la cama sin poder dormir. Estaba inquieta y triste. El cielo era lo suficientemente claro como para encontrar el camino hacia las grandes piedras del olivar, allí quería sentarme y encontrar tranquilidad.

Recuerdos

Estábamos allí, afectados y avergonzados. Habíamos discutido ante nuestro Maestro. Durante Su vida Él se alejaba de nosotros cada vez que estábamos en desacuerdo. Pedro estaba visiblemente afligido, pues tenía grandes dificultades para comprender que en el seguimiento de Jesús el papel de la mujer era diferente al habitual en la sociedad.

Uvas y grano

El día siguiente era un sábado. Después de desayunar juntos, nos sentamos por la mañana para compartir nuestras experiencias de anoche. Para mi asombro rápidamente se me hizo claro, que no todos habían escuchado ni visto a Jesús. Dos días antes, cuando Él se nos había aparecido a un grupo más reducido, después de que...

El forastero

«¿Vosotros le visteis a Él? ¿Dónde? ¿Cuándo?» Sentí un hormigueo en mi barriga por la emoción. Todos esperaban con interés y querían escuchar lo que Cleofás y su hijo iban a decir. Cleofás habló: «Anteayer nos pusimos en camino para contar a nuestros primos lo que había sucedido con Jesús en Jerusalén.

Tomás

Por primera vez después de la muerte de Jesús, tenían sus seguidores algo de calma. Permanecieron en silencio y se separaron sin intercambiar palabras. Nadie quería estropear con muchas palabras lo que habían vivido. Sentían un silencio sagrado que nunca antes habían experimentado, un estar pleno de algo que habían intuido anteriormente, pues el regreso...

La reunión

Yo había dormido inquieta, constantemente pensaba en Jeschu, que tanto nos había profetizado y explicado, pero que ahora parecía no funcionar. Yo intentaba relacionar los fragmentos de recuerdos, pero no podía entender, ni podía comprender cómo iba a suceder todo.

Dos bandos

Salí a pasear en la cálida noche. Sentía una pesada carga sobre mi pecho, como un dolor punzante que me oprimía el corazón. Sentía un nudo en mi garganta y mis ojos se llenaron de lágrimas. La situación de confusión, las discusiones, los ataques verbales, todo me había afectado.

Calma de luto

Al atardecer nos sentamos todos en la gran mesa del comedor para cenar. Bendecimos la comida, agradeciendo a Dios por todo lo que nos daba, tal como Jesús nos había enseñado. En una atmósfera intima cada uno pronunciaba breves palabras de oración, pero sentíamos que nos faltaba Jesús.

El tribuno

El tribuno me condujo de forma brusca hacia una pequeña colina en los olivares, en un grupo de varias rocas grandes. «¡Siéntate!», me ordenó. Me senté sobre una roca más plana. Mi corazón estaba acelerado, yo giraba en mis pensamientos.

El interrogatorio

Me encontraba sentada frente al tribuno romano. Había dos soldados afuera en el patio, observando con desconfianza a Andrés y Pedro que discutían acaloradamente con Lázaro. El tribuno había ordenado a todos que salieran y quería hablar conmigo a solas. Estábamos sentados en la gran mesa del comedor, donde con frecuencia habíamos comido con Jesús...

En Betania

Desperté empapada en sudor. Me había volteado de un lado a otro en mi cama, la paja picaba incómodamente mis brazos y piernas. En mi sueño iba caminando por una calle. Bajo mis pies se volvía de color rojo sangre. Traté de correr más rápido, pero cada vez que mi pie tocaba el suelo, el...

¡Yo te puedo ver!

En aquel entonces mi nombre era Miriam. En la madrugada del domingo me dirigía hacia el sepulcro. Conmigo iban María y Marta. Las dos tenían experiencia en el embalsamar difuntos, para mí sería la primera vez.

El cordero del sacrificio

Me encontraba de nuevo en la colina, mirando la ciudad de Jerusalén. Me sentía como si escuchara la multitud en las calles: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Unos días antes Me habían alabado dándome la bienvenida con ramas de palma.

El cordero

Es la mañana de Mi juicio. Todavía está todo tranquilo. Algunos creyentes están rezando salmos en las calles, pues han venido a Jerusalén para celebrar la Pascua. Todavía no ha amanecido, pero se escuchan los primeros pájaros.