El camino de oro

Escuela del Espíritu – 28.08.2021

Aquel que ingiera pan espiritual y lo mastique demasiado rápido, ese no podrá digerirlo. Él no podrá asimilar la esencia ni la fuerza que contiene la comida, pues únicamente las palabras que provienen del Espíritu elevan y aportan una momentánea sensación de ligereza. Después de un breve espacio de tiempo, exige más, ya que de nuevo desaparece la sensación de sentirse elevado y uno aterriza en el suelo de su propia realidad. Y esta se encuentra con frecuencia más bajo de lo que estima el ser humano.

Incluso aquel que ingiera mucho alimento espiritual, ese no va a estar contento con su vida, pues la cantidad tampoco determina la perdurabilidad. Comprended: Menos, es más. Es la esencia de las palabras la que necesita ser entendida y captada; solo lo que se comprende y se asimila, mediante la aplicación y el ponerlo en práctica en la propia vida, eso podrá ser acogido y conduce a un verdadero cambio. Entonces la palabra captada y comprendida estimula a la acción; uno se vuelve más sincero, más claro, más tranquilo, más servicial y piensa más en los demás. La vida privada y las relaciones se ordenan, se reconcilia, se sana, se perdona, y se pide perdón por la propia culpa, pues esa se vuelve más consciente. La parte de culpabilidad es reconocida en uno mismo y uno deja de ser víctima, el rol de víctima, aumentando así la responsabilidad personal en la vida. Así se necesitan menos consejeros a los que pedís consejo y os influyen con su opinión personal. El peregrino en el camino experimentará algunos pasos de cambio interno cuando es conducido hacia la verdad. El espejo del reconocimiento refleja lo que el peregrino está dispuesto a ver y solo revela la parte que él está dispuesto a asimilar. El autoreconocimiento del peregrino constituye la base del camino y determina la profundidad a la que puede ser conducido; esta profundidad forma la consciencia que sale a la luz al explorar el subconsciente. Todos los velos y máscaras del ser humano, sus estrategias de supervivencia, conceptos y opiniones, lo que ha construido hasta ahora para sentirse seguro y protegido, eso tendrá que retroceder. Sólo aquel que esté dispuesto a soltarlo y a embarcarse en el camino interno del reconocimiento, ese atravesará su valle de lágrimas, del miedo y la inseguridad. Y si lo atraviesa cogido de la mano de Cristo y acepta su necesidad de redención, entonces llegará en su propia peregrinación interna a la piedra filosofal, escondida profundamente en su interior, que es la Consciencia de Cristo. Esa conduce al verdadero reconocimiento del espejo de fuego, que le muestra al peregrino la verdad sobre sí mismo, le abre los ojos, obtiene una perspectiva, y una vez que ha alcanzado la Consciencia de Cristo, obtiene la comprensión y la visión general. Reconoce en ello la responsabilidad y compartirá con sus semejantes aquello que sean capaces de captar. Es un tesoro que él guarda para sí mismo y en ello se volverá más sereno y silencioso. La sabiduría adquirida ahora insta a una mayor acción y se mostrará a medida que el peregrino adquiera la claridad hacia sus semejantes, sus preocupaciones girarán más en torno a los demás, porque él mismo se retraerá. Él se aportará para la gran totalidad, la fuerza que ha adquirido quiere ser activa y aportarse para los demás. Sus palabras serán cada vez más escasas y pasará desapercibido entre una multitud de personas; y solo será reconocido con una segunda mirada, pues su vestimenta es la vestimenta del servicio. Él se ha convertido en el siervo o la sierva del Señor.

Este camino solo es posible cogido de la mano de Cristo, pues Él lo ha recorrido con antelación y redimió la culpa del alma del hombre, que experimenta así una liberación profunda. El peregrinaje es un movimiento interno constante, una incesante exigencia de auto-reconocimiento, en el servicio y en la alabanza al Señor y Creador.

Comprended, quien tenga parte en Jesús, el Cristo, ese se convertirá en Su cuerpo y podrá transmitir el Pan de la Vida. Acoged estas palabras y dejad que actúen en vosotros para que así podáis aprender a comprenderlas. En la Consciencia de Cristo, el antagonista ya ha sido reconocido y superado, el espíritu contrario ahora aplicará una fuerza mayor para detener al peregrino. Ese se une al ejército de Miguel y se enfrentará a lo que quiere impedir la victoria del amor. Aprended a comprender, es un camino en el que vosotros avanzáis, es un camino lleno de muchos procesos de reconocimiento e innumerables pasos, un desarrollo que conduce hacia la vida, al Hogar Eterno, en el amparo y recogimiento, a la abundancia y la riqueza del interior, a la seguridad en el Señor, hacia el poder y la gloria del Padre.

Caminad paso a paso, el camino del reconocimiento de vuestra voluntad propia y dejaréis cada vez más a un lado la resistencia, la aversión y la rebeldía interna contra el Padre, que frenan vuestro desarrollo, y así se os mostrará la verdad que estaba velada en el espejo y no queríais ver. Con gusto la evadís y señaláis con el dedo a los demás. ¡Aprended a aplicar vuestra propia medida, a juzgaros a vosotros mismos y todo lo que habéis invertido encontrará un equilibrio, estad seguros de ello y haceos conscientes de eso! ¡Captad el contenido de las palabras y no os quedéis atrapados en la euforia de la elevación!

Este camino os lleva tanto a la soledad como a la comunidad; al vacío como a la abundancia; al silencio como a la palabra; en el dejarse llevar como en el conducir; conduce hacia el querer ser y el poseer; al Cielo, al Espíritu, así como hacia la Tierra y completamente entre las personas; a la culpa y al mismo tiempo a la Redención; conduce hacia el servir y el recibir; en el fluir de la vida y del Ser eternos, que radica en el morir y en la vida al mismo tiempo. Es el camino de oro que Cristo, como Jesús, os precedió.

ESCUELA DEL ESPÍRITU

 

«En la gran serie escuela de enseñanza que acaba de iniciarse se enseña y se dan instrucciones de nuevo a todos los seres humanos y almas que estén dispuestos y preparados, anhelantes y esperanzados para que encuentren el conocimiento de la verdad.»