De la oscuridad a la luz

Al comienzo, 13.04.2021

Cinco mujeres se encontraron en el jardín temprano en la mañana. Tres de ellas se prepararon para ir al sepulcro de Jesús. Quizás podrían embalsamar a Jesús y darle la última honra. Miriam llevaba en su mano el aceite que había recibido de la madre María, y María y Susana se despidieron de las mujeres mientras salían de la casa. «Tuve un sueño», dijo Susana a María, «En el sueño Jesús estaba vivo, sí, se sentó con nosotras cuando Miriam nos contó sobre la última cena y nos explicó lo que habían vivido juntos. El sueño había sido muy real, Jesús también nos lavó los pies. Yo fui la última. Cuando me lavó los pies me preguntó si le amaba, y yo le dije: «Sí Señor, yo Te amo.», y luego se puso detrás de mí, colocó sus palmas de las manos sobre mis ojos y después me desperté. ¿Qué se supone que significa esto? No lo puedo entender. Era tan real, totalmente realidad. ¿Sabes tú lo que podría significar, María?» María cerró los ojos y preguntó: «¿Cómo le amas a Él Susana?» Susana respondió: «Yo le amo como a un hermano mayor. Él me dio apoyo, sus palabras lo significaban todo para mí. Él me abrió una puerta a una nueva verdad, como si yo fuera alguien que puede ver. Yo veo, porque entiendo muchas cosas desde una nueva perspectiva. Siempre sufrí por mi ceguera, pero ahora he comprendido que ella me permite captar las cosas más profundamente. Pude escuchar más en sus palabras, eso abrió en mí un nuevo aspecto sobre el sufrimiento. Me mostró que sufrimiento no es un castigo, sino que puede ser purificación y prueba. En su sufrimiento, en la gran injusticia que Él tuvo que soportar, vi mi propio sufrimiento desde una nueva perspectiva: Pude entender que sufrimiento también puede ser sacrificio, que forma parte de la vida humana y que hay que sobrellevarlo sin quejarse ni compadecerse de uno mismo.» María preguntó: «¿Y si tu sueño no hubiera sido un sueño, sino una realidad?» «¿Cómo puedo entender eso?» «Si tú lo hubieras experimentado realmente y si eso no hubiera sido un sueño.» «Eso sería una gran alegría para mí, sí, eso llenaría de alegría mi interior.» «Susana, tú misma decides si quieres y puedes creer eso.» Toma tus imágenes, tus sueños y tus sensaciones en serio, ya que si puedes admitir eso, entonces verás y entenderás mucho más.» «Para mí fue solo un sueño, pero al hablar contigo el sueño se transforma en algo más, se convierte en una posibilidad, en una realidad.» Susana se sintió profundamente conmovida por esa nueva perspectiva que se le había dado. «¿Y qué debo hacer ahora?» «Cree que lo que viste es verdad.» «¿Y entonces? ¿Qué cambiará con ello?» «Siente en ti misma. ¿Qué ha cambiado?» «Me siento feliz y libre.» «¿Y quién hizo eso?» «Jesús hizo eso. Él me ha ayudado. A través de su sufrimiento pude yo también aceptar mi sufrimiento. Se le ha dado la vuelta a algo en mí, si, la perspectiva incorrecta de mi situación como ciega.» «Sí, Jesús te ha ayudado y tú también te ayudaste a ti misma.» «¿Qué quieres decir?» «Tu fe te ha ayudado. Susana, tu fe hace realidad lo que pudiste ver en tu visión.» «Bienaventurados los que no ven, y sin embargo creen.» Estas palabras surgieron en Susana. Fueron las palabras que dijo Jesús, y ella entendió mejor lo que Él había querido decir con ellas. Profundamente conmovida Susana se retiró en su interior, quería conservar lo que se sentía como un valioso tesoro y la hacía intensamente feliz. A partir de ese momento Susana empezó a ver contornos y sombras, cada día veía un poco más. Así salió ella de su oscuridad humana para dirigirse hacia la luz, tanto en la vida interna como en la externa.

Al comienzo

 

«Yo, Gabriel, explico, amplío y profundizo los acontecimientos de aquel entonces y los acontecimientos de la actualidad y muestro el camino hacia el futuro. Yo hablo en el nombre del Padre, en el nombre del Hijo, del Espíritu Santo y en el nombre de la Madre María.»