¡Jesús vive!

Al comienzo, 14.04.2021

Después que las dos hermanas Marta y María regresaran con la noticia de que el sepulcro estaba vacío y no habían podido encontrar a Jesús, se produjo una agitación entre las mujeres. Eso se incrementó algo más tarde, cuando Miriam entro precipitadamente diciendo las palabras: «¡Jesús vive, Jesús vive!». La gran alegría de Miriam contando que había visto a Jesús y hablado con Él, también llegó a las dos hermanas Marta y María, quienes ahora tenían una explicación de por qué su sepulcro estaba vacío. «El sepulcro estaba realmente vacío, sin difunto, pero el sepulcro estaba lleno de fragancia de incienso y mirra, y dentro había una atmósfera muy especial.», confirmó Marta. «¡Sí, verdaderamente, el sepulcro estaba santificado! Yo esperaba encontrar pesadez y opresión, pero en vez de ello había una ligereza en el sepulcro que no puedo describir.», dijo María, estando todavía afectada por lo que había sucedido. «No vi a Jesús como Miriam, pero sentí que algo especial estaba sucediendo en este sepulcro. No había más tristeza en mí. Al ver el sepulcro vacío, que se sentía como un espacio sagrado, la confianza se mezcló con mi dolor, algo que no había visto antes de su muerte.»Las tres mujeres no se daban cuenta mientras lo contaban que las otras no entendían lo que estaban diciendo.

«¿Jesús vive, Jesús vive? ¿Cómo es posible que Él viva?» «¿Sabéis lo que estáis diciendo?» «¿Ha vuelto de la muerte igual que Lázaro?» «No, así no, ¿O quizás sí?» Las mujeres estaban perplejas, hablaban desordenadamente, querían escuchar cada detalle de Miriam, pero incluso haciendo eso no podían entenderla. ¿Qué había sucedido? ¿Qué pasó con Jesús? ¿Estaba ahora vivo o muerto? «¿Quién puede entender lo que vosotras estáis diciendo?», preguntó Lea, desconsolada por esa tragedia que había sucedido en Jerusalén. La madre María había escuchado las voces agitadas y entró en la casa para estar con las mujeres. «Recordad lo que os dijo.», habló María, «¿No dijo Jesús que resucitaría, si, que resucitaría después de tres días?» Él lo repitió varias veces. Yo lo recuerdo: ¡Él dijo que al tercer día resucitaría de entre los muertos!», ese reconocimiento había tocado a Miriam como un rayo. Ella había entendido en una nueva profundidad lo que Jesús les había dicho en la última cena. Solo que ahora pudo comprender correctamente las palabras: «Este es Mi cuerpo, que os es entregado a vosotros, esta es Mi sangre, que es derramada por vosotros.» Ella no entendió lo que Él había quería decir con ello, esas palabras suyas más bien la habían oprimido y las percibió como un presagio de su muerte inminente. La entrega de su Maestro por ella y por todos los seres humanos adquirió una dimensión enorme a través de su resurrección.

Nadie se había dado cuenta de que María sabía con anticipación lo que los demás acababan de escuchar de Miriam. Eso era tan emocionante, tan loco, tan increíble para todos, que no se dieron cuenta de que la desaparición del difunto y la resurrección de Jesús no parecían sorprender a María. María había sido la primera en saberlo, pues Jesús, el resucitado, se le apareció en el jardín en el que se despidió de ella. Él se había dirigido a su madre como Jesús y ella había reconocido a Cristo en Él, de la misma forma que ella había reconocido al Maestro y Señor en Jesús.

«El tumulto va a ser grande cuando se sepa que su cuerpo no estaba en el sepulcro. Id a Betania. Yo os seguiré más tarde. Primero tengo que ir a ver a Pedro, a Juan y a los demás. Tengo que contarles lo que sucedió.», dijo Miriam y queriendo ver a los hermanos lo antes posible. «Díselo a los demás.», le había encomendado Jesús, y así dejó a las mujeres y siguió su camino con alegría, animada por poder llevar la buena noticia a sus hermanos. «¡Jesús vive! ¡Jesús vive!, hermanos, ¡Jesús vive!» En esos pensamientos se mezclaban los reconocimientos en los que las palabras de Jesús adquirían una nueva dimensión en ella, algo que antes no había podido asimilar.

Al comienzo

 

«Yo, Gabriel, explico, amplío y profundizo los acontecimientos de aquel entonces y los acontecimientos de la actualidad y muestro el camino hacia el futuro. Yo hablo en el nombre del Padre, en el nombre del Hijo, del Espíritu Santo y en el nombre de la Madre María.»