Parálisis emocional

Al comienzo, 11.04.2021

El día después de la crucifixión había una pesadez de plomo en el aire. Yo estaba sentada en un jardín en medio de Jerusalén y la había absorbido por completo. Las imágenes del día anterior se repetían una y otra vez en mi cabeza. Cuando Jesús se desplomó frente a mí y María, la única ayuda que pude darle fueron unas gotas del aceite que vertí sobre su cabeza. El aceite sagrado debía recordar y ayudar a Jesús a que mantuviera su honra y su honor.

El ruido que habían hecho las numerosas personas, la multitud que había gritado y exigido Su crucifixión, y que se había deleitado con la crucifixión de los tres hombres, eso era algo completamente incomprensible para mí. Parecía como si la compasión natural del individuo se hubiera borrado entre la multitud, dando paso a un espectáculo alimentado por la energía de la mayoría. Me pregunté si no estarían también actuando aquí las fuerzas que yo ya había observado previamente en mí y en Pedro. María y yo habíamos intentado resistir a todo eso y fortalecer a Jesús en su lucha. No todo lo que Él dijo en la cruz fue audible para nosotras y por eso solo escuchamos parte de su lucha. Después de que Él bendijera a todos los presentes y pidiera perdón por ellos, cuando finalmente le abandonaron sus fuerzas, entonces me entró una rigidez en mí.

Era como una forma de parálisis emocional que parecía bloquear cualquier sensación que deseara surgir. Era como si algo en mí hubiera sido cortado, como si se hubiera interrumpido la conexión con el corazón sensible. Estaba sentada en la hacienda de Susana y su hermana, y sentí que no sentía nada, y precisamente ese hecho me intranquilizó mucho. Hasta ese momento habían sido mis sensaciones las que me habían guiado, conducido y las que siempre me ayudaron. ¿Las había perdido ahora con Jesús? Inconcebible, y sin embargo me observaba a mí misma en ello, al percibir todo solo a través de una especie de muro, como si el mundo estuviera un poco distante.

«¡Padre, ayúdame, acompáñame, guíame! Tómame de Tu mano. ¡No dejes que caiga en dudas! Tú sacrificaste a Tu Hijo. Ahora te lo has llevado a Tu lado. Ayúdanos a entender, oh ayúdanos a comprender. Condúceme, acompáñame, guíame y ayúdame a conseguir el perdón de los responsables de Su sufrimiento y de Su muerte, tal como Jesús les perdonó en la cruz. Ayúdame a aprender y a entender, lo que sucedió con la multitud que toleró tanta brutalidad, la incrementó y la apoyó con su gritar. ¡Oh Señor, ayúdame a entender, ayúdame y permanece conmigo!», así me quede sentada, orando y suplicando, tratando de elevar mi corazón. Y me di cuenta de que durante y a través de la oración, como regresaba una parte de las sensaciones y hacían posible poder elevar mi sentimiento hacia el Padre.

Estaba sentada en un jardín en Jerusalén, pero el mundo que me rodeaba, la gente y la belleza de los alrededores permanecían ocultos para mí. Alejada de este mundo y de la realidad, me mantenía en contacto con mi Padre, tratando de sanar, perdonar y dejar ir las imágenes y los acontecimientos en mí. Yo estaba contenta de que María y las otras mujeres me hubieran dejado sola, y de poder pasar el día en el mundo, pero alejada y lejos de él, sin ninguna sensación de tiempo ni espacio. Al cabo de unos momentos en este estado, escuché las palabras de Jeschu en mí: «En este mundo, pero no con él.» Así era como Él había descrito a menudo su relación con el mundo. Y se me hizo consciente lo que Él había querido decir con ello. Empecé a comprender eso, pues yo misma lo estaba experimentando. Él ya no estaba presente, pero yo experimentaba lo que nos había predicado y sentía cómo esa experiencia se transformaba en una fuerza en mi corazón, la fe se había convertido en la certeza de la experiencia. Me sentía cerca de Él. «Seguirle a Él», pensé, «¿Era eso lo que Él quiso decir con ello?»

Al comienzo

 

«Estaba sentada en un jardín en Jerusalén, pero el mundo que me rodeaba, la gente y la belleza de los alrededores permanecían ocultos para mí. Alejada de este mundo y de la realidad, me mantenía en contacto con mi Padre, tratando de sanar, perdonar y dejar ir las imágenes y los acontecimientos en mí. »