Ha llegado el momento

Al comienzo, 10.04.2021

Totalmente exhausta María se hundió en su cama. Tenía una pequeña habitación en la que podía estar sola. Estaba agradecida por ese pequeño lujo que le daba la oportunidad de estar más en su interior. Las imágenes del día anterior volvieron a ella. Había dejado de llorar, pero rezaba pidiendo comprender el Plan de Dios. Todo había sucedido tal como lo predijeron las escrituras, pero ¿Por qué? ¿Qué sentido tenía todo? ¿Por qué la derrota? ¿Quién iba a creer en un salvador y líder al que se le quitaron el honor y la dignidad, y murió inocente en la cruz como un criminal?

¿Por qué era tan difícil comprender los caminos de Dios? Ella había escuchado la indignación de las mujeres, no podían aceptar que Jesús, su líder, terminara de una manera tan vergonzosa. Miriam las ayudaba, veía sus dudas, veía su indignación y enojo. Veía a las mujeres luchando por aceptar lo que no podían entender. Veía su decepción humana, su incredulidad, su incapacidad. Veía eso ya que también ella había tenido todas esas sensaciones y tuvo que superarlas. María escuchaba como las mujeres hablaban entre ellas, y así entró en su interior, rezó y suplicó para que todos los involucrados recibieran conocimiento y ayuda.

A mí, Gabriel, se me permitió llevar su alma esa noche a un lugar al que solo pueden llegar las almas maduras. Se me permitió mostrarle imágenes que mostraban la llegada de su hijo después de su muerte. Así experimentó María sus últimos suspiros como hombre y vio sus primeros como alma. En esa visión ella no vio al hombre derrotado en la cruz, sino que vio al Mensajero de la Luz y Portador de la Verdad, vio al Hijo de Dios y al resplandeciente Príncipe de Paz. Ella vio cómo le saludaban en el mundo espiritual. Ella vio la cruz de luz que ahora se había erigido y que se encuentra en los santuarios de desarrollo como un signo de victoria. Ella escuchó el shofar, el cuerno que había sonado; escuchó los tambores que se tocaron; luego las poderosas trompetas que fueron tocadas por 7 ángeles; ella escuchó las 12 trompetas que en alabanza se unieron en la proclamación de la buena nueva; escuchó el elogio y la alabanza de un poderoso coro de ángeles que cantaba su «Santo, Santo, Santo» hacia los mundos alejados de Dios. La propia elevación de María y su fe habían hecho posible esa visión. Como ser espiritual, como alma y como persona, María fue capaz de llevar las sensaciones de confianza, esperanza y fe a su vida como ser humano, en la limitación de la vida humana.

Y si vosotros lectores deseáis refutar y desmentir estas perspectivas en vuestra mente, entonces haced lo que no podéis soltar. Yo, Gabriel, como vuestro hermano espiritual, como embajador de vuestra patria os digo: Vuestro espíritu antagonista sigue siendo el amo en vuestra casa, ya que no conseguís distinguir. Vosotros creéis a los que corrigen la verdad, la tuercen según sus propias ideas, su voluntad propia. Vosotros queréis creerles. ¡Tal como fue en aquel entonces, así es también en vuestro presente! La humanidad está en decadencia. Ha hecho mal uso de la ley de Dios y la ha interpretado para su propio beneficio, habla del amor sin poder captarlo. Y así tendrán que experimentar el desenmascaramiento todos aquellos que con gusto se ensalzan por encima de sus prójimos, cargándolos con todo lo posible y manteniéndolos en su campo energético como fuente de energía.

«Ha llegado el momento», dijo Jesús a María y Miriam y yo, Gabriel, os digo también: ¡Ha llegado el momento! ¡Ha llegado el tiempo en el que Cristo regresa de nuevo a vosotros! Mirad a vuestro entorno en vuestro mundo y veréis: ¡Su juicio ha comenzado y absorberá a muchos! Ellos seguirán viviendo en el reino de las sombras, ya que también tomaron y toman sus decisiones. La llamada de Cristo se dirige a todos aquellos de buena fe que no quieren ni se pueden imaginar que vuestro mundo humano, vuestra torre de babel, vuestras investigaciones y vuestras ciencias, se mueven en una espiral descendente que ya no se puede detener, pues ya se encuentra en la caída libre. Se trata de vuestras almas, se trata del atasco de almas que se ha creado en los numerosos ámbitos intermedios, algo que también ha conducido a una superpoblación en la Tierra y eso impide los siguientes pasos de evolución y ya los ha bloqueado durante mucho tiempo. Pero Cristo ha traído movimiento en ese atasco de almas y gracias a los primeros que hacen lo mismo que Él, se ayuda a que ese atasco se disuelva cada vez más. También para vosotros, los lectores de estos mensajes, que recibís el agua de vida de la fuente pura. Lo mismo como en aquel entonces, eso vale para la actualidad. No se trata de vuestro planeta Tierra, no se trata de salvar la naturaleza, sino que se trata de vuestras almas, de vuestra vida eterna, se trata de la distinción que debe alcanzarse entre el bien y el mal. Al hacerlo, todos vosotros os convertiréis en traidores de un lado, sí, debéis convertiros en traidores. Nosotros, vuestros ayudantes del Espíritu de Dios, estamos esperando. Nosotros vamos a poner nuestras posibilidades a disposición de aquellos que lo tomen en serio, cambien de bando, salgan del espíritu del tiempo, y sean capaces de ingresar en el Tiempo del Espíritu, pasando de ser seguidores para convertirse en co-portadores del Nuevo Tiempo. Y si queréis seguir comprobando si es posible, si estas dos fuentes existen y si son creíbles, ¡Entonces probaos a vosotros mismos con vuestra vara de medida de la justicia y misericordia! Y si vosotros mismos emprendéis el arduo camino de Jesús de Nazaret, nuestra ayuda estará asegurada. Y así aprenderéis a reconocer nuestro actuar, que es silencioso y con frecuencia sucede en secreto. ¡Solo de las pequeñas victorias de la vida cotidiana surgen las grandes victorias que también en el momento oportuno se colocan en el pedestal ante el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo a los que glorificáis con y a través de vuestras obras!

Al comienzo

 

«Yo, Gabriel, explico, amplío y profundizo los acontecimientos de aquel entonces y los acontecimientos de la actualidad y muestro el camino hacia el futuro. Yo hablo en el nombre del Padre, en el nombre del Hijo, del Espíritu Santo y en el nombre de la Madre María.»