El dolor de Isabel

Al comienzo, 29.03.2021

A Isabel le afectaba profundamente la muerte de su hijo. Eso condujo a María todavía más hacia su propio dolor, algo atravesaba su corazón como una daga, envolvía la parte superior de su cuerpo como un anillo apretado, y cuando las situaciones externas empeoraban, ardía su interior; un dolor ardiente que no se podía calmar. ¿Cómo podía consolar a Isabel, si ella misma tenía que luchar con las peores imágenes en las que veía a su hijo en su camino de sufrimiento? Ella practicaba con Isabel, se preparaba también para lo que iba a suceder con Jesús. Isabel hacía preguntas, quería respuestas, pero María no tenía ninguna. Isabel tenía también grandes esperanzas en Jesús, esperaba tanto de Él, ella creía en la profecía, creía que Jesús iba a hacer grandes cosas. Eso la ayudaba y a ello se aferraba. Las dos mujeres habían recibido una y otra vez noticias sobre las actuaciones de Jesús. Habían oído hablar de la multiplicación del pan y los peces, escucharon sobre curaciones de todo tipo y estaban informadas de sus prédicas sobre el amor a los enemigos y sobre la misericordia de Dios.

Isabel había experimentado cómo el bebé reaccionaba en su vientre cuando María, que estaba embarazada, se acercó a ella para informarla de lo que no podía compartir con nadie. Juan y Jesús fueron regalos de Dios para las dos mujeres. Desde aquel momento se sintieron unidas de una manera especial y profunda.

A partir de ahora la esperanza de Isabel seguía viviendo en Jesús. Sin embargo, sentía todavía la conmoción por la muerte violenta de su hijo, pues sus preguntas a Dios permanecieron sin respuesta. El dolor se transformó en una profunda tristeza que envolvía a ambas mujeres. Ambas luchaban por obtener respuestas: Isabel por haber perdido a su hijo, y María, que sabía que perdería a su hijo. María rezaba y esperaba un milagro.

Jesús tenía muchos seguidores convencidos. Eran gente sencilla y también había personas de la clase alta que una y otra vez se mezclaban entre los oyentes. También habían otros que acudían a él en secreto y de noche, le hacían preguntas y quedaban encantados de su sabiduría y de su verdad. Y además hubo otros que le espiaban, que estaban en su contra, le acusaban de todo lo posible y afanadamente difundían cosas falsas sobre él, haciendo todo lo posible para quitarle su honor y dignidad, y combatirlo por todos los medios. Fue un tiempo muy difícil, pues era simultáneamente un cambio y un resurgimiento.

Sabed vosotros, seres humanos de esta época: Son siempre las mismas tácticas, el mismo estilo que se utiliza para influir, manipular, seducir y dirigir a la gente. Y yo Gabriel os digo: ¡No temáis! Más que nunca se os mostrará, cómo están estructurados vuestros sistemas de poder. No los podréis cambiar si lucháis contra ellos. Se trata de reconocer y superar vuestras propias ideas, conceptos, opiniones y miedos. También se trata de perdonar y de pedir perdón, de reparar lo causado y sobre todo de la Redención. Ahora comienza una Nueva Era a través de personas que pueden ver y comprender los trasfondos y contextos, que aprenden a captar el significado. A su vez es un tiempo difícil, un tiempo de cambio, de despertar y de nuevo comienzo. La vida en la materia es un gran desafío para todos y para cada uno; nadie podrá evadir esto, pues es un asunto totalmente cósmico. Los movimientos en vuestra Tierra todavía están condicionados causalmente. El reloj no puede retroceder ni detenerse. Las causas establecidas y sus efectos ya no se pueden detener. Vuestro mundo y vuestras cosas mundanas ya no se pueden salvar. ¡No se trata de salvar al mundo y nunca se trató de eso! Se trata de la elevación de vuestra alma, se trata del Retorno hacia el Padre de los hijos e hijas perdidos, se trata del camino de vuelta al Hogar con vuestras familias espirituales. ¡Se trata de mucho más de lo que os podéis imaginar! En esta época va a ser probada vuestra fe en el grado más alto, en vista de la situación mundial, en vista de las injusticias que os sobrevienen, en vista de las leyes y ordenanzas que os habéis creado, en vista de los impuestos que os sobrecargan. Actualmente Cristo y muchos, si, legiones de ángeles han venido al mundo, llaman en vuestros corazones y mentes: Reflexionad sobre todo y veos en la lucha de los que estuvieron en ella hace 2000 años, que como Isabel en su necesidad, piden respuestas y desean conducción. Actualmente la humanidad ha llegado al final de sus límites. Por todas partes están vertiéndose los efectos, y gracias a ello la humanidad estará dispuesta a reflexionar.

Y si os preguntáis: ¿Quién nos puede ayudar? ¿Quién puede salvarnos? Entonces os digo yo Gabriel: ¡Jesucristo ha vuelto a la Tierra para redimir de todo mal, para llevar de retorno y traer de vuelta al Hogar lo que parecía perdido y estaba descarriado, para salvar a los que deseen ser salvados! ¡El cristianismo interno ha nacido, crece en los seguidores de Jesús de Nazaret en todo el mundo de forma inocultable e insuperable, va a traspasarlo todo y conquistará a la humanidad en el amor!

Lo mismo que dije en aquel entonces a los pastores, eso os lo digo yo de nuevo: ¡No temáis! ¡No miréis hacia la decadencia, ved el auge y alegraos de poder experimentar el actuar de Cristo! ¡Creed, confiad y sabed: La gracia de Dios es grande y justa!

Al comienzo

 

«Yo, Gabriel, explico, amplío y profundizo los acontecimientos de aquel entonces y los acontecimientos de la actualidad y muestro el camino hacia el futuro. Yo hablo en el nombre del Padre, en el nombre del Hijo, del Espíritu Santo y en el nombre de la Madre María.»