En el altruismo

Formación de la comunidad

el 20.09.2019

Mensaje recibido durante un encuentro del grupo de la comunidad.

 

María, madre de Jesús:

Y así, como María, la madre de Jesús, la portadora de la misericordia, se me permite hablaros para animaros a dar este paso, a creer en lo imposible, dar un paso sobre el agua con la mirada en Cristo, que os llama y os dice: «Yo me preocupo por ti. Sí, Yo lo haré todo por ti, no tengas miedo. Ven bajo Mi protección, ven bajo Mi guía. Yo estoy ahí, Yo estoy aquí para ti, como hermano, como amigo, como sanador y ayudante en cada situación.» Oh, aprended a aceptarle a Él en vuestro corazón, como a un hermano mayor, que os ama sobre todas las cosas, que os quiere llevar a casa, que quiere sacaros de la inmundicia de este mundo para conduciros hacia la libertad del Espíritu, a la luz de la vida, a la verdad, la bondad, el amor y la misericordia que este mundo tanto necesita, pues vosotros habéis sido llamados para vivir eso.

Y si otras voces proclaman lo mismo, vedlo positivamente. No veáis solo la parte de que se roba algo que no les pertenece. Pasad por alto esa parte y pensad en los aspectos positivos de ella: Que se proclamen el amor, la bondad y la misericordia, que se aconseje a los seres humanos a que lo vivan en sus vidas y además tengan la claridad de no ir por caminos equivocados. Entonces pasad ahora desde vuestro ser, que habéis desarrollado cada vez más en vosotros, hacia el altruismo y la abnegación. Y eso lo fortaleceré y apoyaré una y otra vez en vosotros, para que seáis valientes y avancéis, busquéis y encontréis en vuestros corazones la unidad con Cristo.

Una gran época ha comenzado, es el Tiempo del Espíritu, en el que aprenderéis a comportaros como seres espirituales en el pantano del pecado de este mundo. No os entristezcáis cuando aprendáis a ver cómo son las personas, cómo son nuestros prójimos y lo poco que vive en ellos del Espíritu del Padre. No estéis tristes, sino que esforzaos todavía más por vivir eso y demostrarlo. Volveos amorosos, comprensivos, amables, y cambiaréis el mundo. Oh, creed y confiad, no importa lo que suceda. Aprended a creer en las palabras que podéis leer y escuchar, aprended a ponerlas en práctica. Y sentiréis cada vez más al Espíritu en vuestro interior, que está en vosotros y os conduce.

 

Hermano del Espíritu, Gabriel:

Así sois llamados para entrar en la justicia, en la verdad de la vida y a poner la otra parte, el amor, la bondad y la misericordia por encima de todo. Solo en el equilibrio de estas dos partes, podéis traer el Espíritu de Dios a la Tierra. Hasta ahora, unos lo han intentado en la justicia, en la lucha por el poder, introduciendo mejores reglas; otros lo han intentado en el amor, que encubre mucho, invisibiliza mucho y desea armonía. Y ahora aprended, oh aprended, se necesita un equilibrio en ambos lados. No son los hombres los culpables, no son las mujeres las culpables, y no es culpa de los hermanos ni de las hermanas. La culpa con lo que os habéis hecho culpables, entregadla en las manos de nuestro hermano Cristo. Y volveos seres libres del Espíritu libre. Así también yo, Gabriel, os pude hablar a vosotros. Y nos acercaremos más a vosotros, os acompañaremos más en este camino, pues lo llevamos en nosotros y os podemos ayudar. Pero nuestra meta siempre será que encontréis a Cristo en vuestro corazón, pues entonces aprenderéis a conocer la verdadera vida que vive en vuestro corazón, y espera llena de anhelo que la encontréis nuevamente la seguridad, el amparo y el amor que todo ser humano desea y anhela.

Así nos inclinamos ante vosotros, dando gracias al Padre, que nos permite estar con vosotros en vuestro grupo y nos permite acompañaros en vuestro camino con Cristo.

 

Un hermano del grupo:

Os damos las gracias por vuestra ayuda, vuestro amor y nos inclinamos ante vosotros.

 

Fuente madre:

«Permaneced unidos», dice una voz. «Oh, permaneced unidos y convertíos en la familia del Señor, para que puedan reconocer que vosotros sois Sus discípulos.»

FORMACIÓN DE LA COMUNIDAD

 

«A través de esta fuente un pequeño grupo pudo experimentar durante los últimos años Mi conducción directa de forma discreta e inadvertida. ¡En medio de ellos, pude Yo, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, hablar como el „Yo Soy el que Soy“ de eternidad a eternidad!»