El tiempo de la Trinidad-Mariana

Formación de la comunidad

el 15.09.2019

Mensaje recibido durante el seminario «Conciencia – Intuición – Conducción Interna»

 

Madre del corazón, María:

Poderoso, grande y sublime, sí, oh Padre, eres Tú, el Creador de toda vida y de todo ser. Tus Reinos son infinitos y grandes, incomprensibles para nosotros los seres humanos en esta Tierra.

Y así os hablo yo, María, la madre de Jesús de Nazaret, a través de mi instrumento, que lleva una parte de mí. Este Reino de Dios al que todos vosotros pertenecéis y del que sois Sus hijos, es mucho más grande, mucho más poderoso de lo os podríais imaginar. Y vosotros os convertís cada vez más en hijas e hijos, sí, en portadores de la verdad y portadores de luz para este tiempo. Y así la misericordia preparó el terreno para que pudierais llegar a alturas más elevadas y pudierais ver. En un pequeño grupo recibisteis una y otra vez visiones generales, trasfondos y enseñanzas. Cada vez decíais: «¡Es extraordinario! ¡Es increíble!», y sin embargo era lógico y claro. Cuanto más crezcáis en vuestra consciencia, más fácil será para vosotros captar esta gran cantidad de conocimientos y sabiduría, la trascendencia y la magnitud de lo que estáis recibiendo aquí. Es un trabajo duro cuando la consciencia no puede captarlo. No penséis tener que entenderlo todo con la cabeza, vuestra alma lo acoge todo. Y ella comprende, ya que lo conoce, pues recuerda el Cielo del que todos vosotros habéis venido y provenís. Por eso me gustaría recomendaros algo importante: Quien recibe tantos conocimientos espirituales, trasfondos y visiones generales, ese está lleno de gracia y de las bendiciones del Padre. No ha sido el fruto de vuestro trabajo, sino que eso os ha sido regalado. Por eso os pido, al igual que yo misma hice como madre de Jesús, pues conocía y sabía mucho: Guardad en vuestro corazón lo que habéis recibido y lo que se os permite saber. Guardadlo en vuestros corazones. ¡No lo contaminéis transmitiéndolo a personas, que no pueden ni quieren entender! Y aprended, vuestra bondad, amor y misericordia prepararon el terreno para este acontecimiento de hoy, pues también permitió levantar el velo que cubría a vuestra hermana, que se encuentra de camino hacia el Hogar con vosotros. Sentíos llenos de gracia, sed amables y tened misericordia con todos vuestros hermanos y hermanas. Oh, no seáis de mente estrecha, no es digno de vosotros. No persistáis en querer tener la razón, si no buscad la unidad y escuchad al prójimo. Aprended a conoceros y a comprenderos, y sentiréis que somos una familia que se mueve en el mismo Espíritu. Tengo un manto, es el manto de la misericordia. Yo también os lo quiero dar a vosotros. Con ese manto protegéis a todos los que aún no son tan fuertes, protegéis a todos los nuevos que se acercan a vosotros, y cubrís con el manto los defectos que veis. Cubrid con el manto la insuficiencia que veis, cubridlos y dadles protección y espacio, para que cada uno pueda desarrollarse, de la desconfianza a la confianza, de la injusticia a la justicia. Oh, no habléis interrumpiendo a los otros, oh, hablad el uno con el otro, por favor, conversad los unos con los otros. Vosotros sois la familia del Señor, la primera y la única que ha llegado tan lejos y que puede ver en el Cielo. Creed, oh confiad, sentíos amados y fortalecidos por el Padre y el Hijo. Nosotros hemos recorrido juntos un camino, y la parte humana llevó eso hacia el „está consumado“, una y otra vez, una y otra vez, viendo solo lo mejor en vosotros. Ella luchó para abrirnos paso en el dolor que ha visto, con las cosas que no funcionaban, viendo lo poco que hemos avanzado, y sin embargo ha afirmado una y otra vez: Lo mejor se encuentra en ellos; y su ser humano vino al Padre y dijo: «Padre, no puedes hacer eso, ¡No lo permitas! Ellos desean lo mejor, pero todavía no pueden.» Y el Padre permitió que ella se volviera a cubrir con el manto, para dar espacio para que vosotros os podáis desarrollar. Y en vuestro ser humano empezáis a intuir lentamente dónde estáis embarcados aquí. También gracias a lo que sucedió ayer y lo que ha sucedido hoy.

Cada uno tiene su rol y todos aportarán ese rol en la fuerza de la fe, en la obediencia y en la confianza. Demostrad fuerza de fe, aprended a amar el orden en todos los ámbitos y anteponed ante todo la bondad, el amor y la misericordia. Vosotros podéis hacer eso. Y tal como dice la hermana a través de la que hablo, que lleva mi ser, aunque a ella le cueste pronunciarlo, ella lleva mi ser a este mundo y el que conoce lo que habéis vivido y probado en su mayor parte, eso es lo que una y otra vez repitió: «Mira, yo soy la sirvienta del Señor, hágase en mí según Su voluntad.» ¡De la misma forma vosotros habéis sido invocados, sí, llamados! Habéis recibido todo lo que necesitáis para ello. Y recibís ayudas y más ayudas, en una gran magnitud, más de lo que hasta ahora había sido posible dar, pues nunca antes se había desarrollado tanto un grupo. Mantened vuestro corazón puro, empezad a limpiarlo y entrad en la pureza de Espíritu. Mantened vuestro honor y dignidad, esto lo digo como madre, tal como una madre lo dice a sus hijos. Vosotros sois los que siguen a Jesús, y esto debería poderse ver y sentir. Y así volverá a ser lo que sucedió con Herrengrund, el Terreno del Señor, y la gente vendrá aquí y dirá: «¿Qué es esto? Todo es tan diferente. Nos hace sentir bien, es una atmósfera tan bonita y agradable.» Sí, es la aureola del Cielo, que entrará aquí cada vez más y que se puede sentir dondequiera que vaya la hermana vestida como ser humano. Vosotros no lo podéis ver, pero podéis sentirlo. Es el nimbo del Cielo, el que dispersa aquí y también vosotros emitís, cuando servís, servís, servís y servís con alegría. Este es el espíritu de la Nueva Betania, que ya os ha cautivado a todos, y os hará felices cuando las sombras se reduzcan. El espíritu de la Nueva Betania, un refugio para los seres humanos, un alojamiento y un lugar de encuentro para las almas.

Y si pensáis que no sois dignos, entonces desead volveros dignos. Y cuando os sintáis mal, entonces poneos bajo el manto. Comprended lo que significa encontrarse bajo una protección espiritual. Si tenéis buena voluntad, entonces esa protección se os dará a cada uno. ¡No os desaniméis! No os desaniméis si las cosas en lo externo no funcionan como pensabais. Levantaos, seguid adelante, con la espalda recta y la cabeza en alto, pues vosotros sois los portadores de la verdad, los portadores de luz, que se han puesto en marcha para el Dios grande y poderoso, el Creador del Cielo y la Tierra. Qué regalo poder estar ahí, poder participar, aprender a comprender.

Vuestros corazones y vuestras almas deben ser animados para entrar en la fuerza de vuestra nobleza, animados para salir de los pantanos de este mundo, para luchar en la fe, pues os habéis aventurado en lo mejor que existe. Es el Señor, es Jesús de Nazaret, es el Cristo en la Marcha Triunfal de la Victoria en el tiempo y el mundo actual, que vosotros ya conocéis. Así sentíos envueltos por el amor de Dios, bendecidos y fortalecidos en un grupo grande, los que se unieron para apoyar y fortalecer esta pequeña comunidad. Guardad lo que habéis experimentado en vuestro corazón e intentad mejoraros, paso a paso. Y se os dará mucho, pues sois de buena voluntad.

Entramos en la Nueva Era, en el Tercer Tiempo, al que deseo y me gustaría dar un nombre, aunque a la fuente madre no le guste decirlo: Es el Tiempo de la Trinidad Mariana. Es el Tercer Tiempo y se llamará así, ya que esta persona con vestido terrenal ha recorrido hasta el final el camino del bien, del amor y de la misericordia. Ella ha hecho libre el camino, algo que era necesario para entrar en el Tercer Tiempo. Así fue el plan y así lo hemos cumplido. Todos vosotros con el Señor, todos juntos, desde la actualidad hasta la eternidad.

 

La fuente hija informa sobre lo que ve:

El ejército del medio realiza una formación especial de tropas en la que todos se mueven juntos situándose ante los demás. Se mueven de nuevo en las cuatro direcciones de las que vinieron, como si regresaran o salieran de este lugar y entrara cada grupo en un nivel diferente en el que comienzan a estar activos.

 

Fuente madre:

Tomemos lo que se nos ha aconsejado en nuestro corazón, como ayuda para poder comprender. Y si la capacidad mental para captar esto no es suficiente, entonces dejadlo fluir simplemente hacia el alma.

FORMACIÓN DE LA COMUNIDAD

 

«A través de esta fuente un pequeño grupo pudo experimentar durante los últimos años Mi conducción directa de forma discreta e inadvertida. ¡En medio de ellos, pude Yo, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, hablar como el „Yo Soy el que Soy“ de eternidad a eternidad!»