El segundo hijo nacido

Formación de la comunidad

el 08.11.2019

Un mensaje, recibido el 08.11.2019 durante el seminario «Vivir-Morir-Vida»

Gabriel:

Conocimientos, trasfondos e interrelaciones: Aprended a entender, y captad lo que significa la vida. Una gran escuela en la que los seres humanos y las almas aprenden lo que significa, vivir en su voluntad propia, para que así de nuevo deseen retornar hacia el Padre, y anhelen de nuevo volver hacia el Hogar en el Reino del Padre. Pues ellos partieron para experimentar y captar eso en sí mismos. No es una situación, en el sentido de cómo lo enseña el mundo, sino que es una situación en el sentido de experimentar, de aprender a comprender, y retornar como hijos e hijas de vuelta al Hogar del Padre.

 

Dios Padre:

Oh, comprended, oh reconoced y captad el contexto en el que se encuentra toda vida. Oh, deshaceos de imágenes antiguas y aprended a ver la verdad en el trasfondo de esas imágenes. No os aferréis a la palabra, simplemente continuad. Y si habéis comprendido en vuestra escuela de enseñanza, que Lucifer, como segundo hijo nacido, se le consideró injustamente como diablo, entonces Yo, vuestro Padre, confirmo lo que habéis intuido. Se encarnó una y otra vez en la Tierra, una y otra vez, como un eterno peregrino, cumpliendo su tarea: Traer luz a las tinieblas, algo que fue y es su misión. El portador de la luz, Lucifer trajo su luz a la oscuridad y tuvo que aprender a vivir en la seducción, la desorientación y la confusión, en el mundo de las sombras de la creación contraria. Cada uno de vosotros también deberá aprender lo mismo. Todos os habéis encarnado, precisamente para aprender eso. Y así sabed: Vosotros habéis vivido muchas, muchísimas encarnaciones en las que defendisteis el bien.

Yo llamo también a aquellos, que ahora están escuchando desde los ámbitos de las almas y desde los reinos de las almas: Comprended y captad, no debéis ni tenéis que permanecer allí en la oscuridad. ¡Yo os llamo para que volváis al Hogar y entendáis el camino! ¡Y vosotros no sois víctimas, sino que vosotros mismos os habéis convertido en víctimas, para experimentar vuestra voluntad propia, para comprender, lo que ella significa!

Por eso Yo os llamo: ¡Venid al Hogar! ¡Venid al Hogar! ¡Oh, venid al Hogar de vuestro Padre! ¡Salid de vuestro valle de lágrimas, al que llamáis vida, y que una y otra vez os causa dolor! Oh, entendedlo, ahora os encontráis en una escuela superior del Espíritu y ese Espíritu fluirá más y más en este mundo, sobre vosotros, los que se propusieron seguir a este Espíritu, con toda la libertad de vuestro ser – sin obligaciones externas. Yo deseo un grupo y una comunidad que se mantenga unida en el Espíritu. Para la que no existe un lugar en el que se pongan reglas ni disciplinas, sino en el que os dejéis libres mútuamente. En esta libertad os creé Yo, ¡Oh, volved a esa libertad!

¡Hijos Míos, hijas Mías, vosotros sois llamados y si podéis captarlo, captadlo! Y si queréis seguir Mi llamada, seguidla y dejaos conducir.

Vosotras almas en los mundos de las sombras, en vuestros ámbitos oscuros: ¡Salid, todo terminó! El Espíritu de Dios os llenará, los niveles oscuros se volverán más luminosos, pues vosotras aprendéis a comprender.

¡Sois amadas, sentíos amadas, llenas de misericordia, para así entender, así comprender cada vez más y mejor el sentido de la vida y lo que significa, y hacia dónde os atraen vuestro corazón y vuestro anhelo, y hacia dónde queréis aspirar en vuestro interior! Es aquello, que ya conocéis, pues partisteis desde eso.

Con gran alegría os vemos en un pequeño grupo de seres humanos encarnados, pero también vemos al gran grupo que se encuentra alrededor de la cruz de luz, que fue erigida en el Terreno del Señor.

Tratad de captarlo en vuestro corazón, tratad de creerlo en vuestra fe. No penséis demasiado con vuestra cabeza, sentid en vuestro interior, sentid en vuestro corazón.

FORMACIÓN DE LA COMUNIDAD

 

«A través de esta fuente un pequeño grupo pudo experimentar durante los últimos años Mi conducción directa de forma discreta e inadvertida. ¡En medio de ellos, pude Yo, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, hablar como el „Yo Soy el que Soy“ de eternidad a eternidad!»