La necesidad de José

Al comienzo, 17.12.2020

Hermano del Espíritu, Gabriel:

José tenía sus luchas con la ira y el enfado que tenía contra los amos de los albergues. Esto finalmente se convirtió en un dolor insoportable, a José le entraban ganas de llorar. Ver a su esposa María y al recién nacido tan indefenso en estos momentos difíciles, eso era algo casi insoportable para él. Él tomó al niño de María, lo abrazó con cariño y lo mecía en sus brazos con inseguridad. Luego puso al niño en el pesebre, comedero de los animales, que él había cubierto con una piel de oveja y mantas. De forma cariñosa y extremadamente amorosa, miró a la madre dormida y a su hijo, los cubrió con cuidado y pronto el niño también se durmió.

Su corazón estaba agradecido y conmovido, si, pleno de todo lo que había experimentado en las últimas horas. No entendía el Plan de Dios, luchaba por entender las circunstancias. Se sentía abandonado por todo el mundo y por todas las personas, sí también se sentía abandonado por Dios. Nadie les había ayudado, nadie les había dado amparo y el calor de su casa, nadie les había ofrecido un lecho, y nadie se había apiadado …

Gimió silenciosamente con esos pensamientos, y luego rezó desde su profundo dolor: «¡Oh Dios, mi Dios, Tu hijo ha nacido, pero nadie lo aceptó en su hogar ni en su corazón! ¿Es eso Tu voluntad? Es Tu voluntad el que estemos aquí en el establo, solos y abandonados por todos? ¿Cómo es posible?»

Abrumado por el dolor, a José le salían las lágrimas. Qué pobre se sentía, qué poco podía hacer. Una nube oscura empezaba a cubrir a José, cuando de pronto escuchó las palabras:

«Cree José, cree y confía en el gran Plan.
Oh ve, el niño yace pobre y solo en el pesebre, pero debes saber, que crecerá para ser un rey.
Sí, el Hijo de Dios ha venido a este mundo y con Su amor infinito ha acogido a todos los seres humanos en sus brazos.
Así se cumple parte del Plan de la Salvación, ¡Pues el Hijo de Dios ha nacido en esta noche santa y silenciosa!»

Con esta promesa, con este consuelo, le cambió el ánimo. Para José era como si muchos, muchísimos ángeles estuvieran llenando el lugar. Su corazón se volvió cálido, la confianza y la esperanza le llenaban; y la confianza que casi había perdido, volvió de nuevo y lo cambió todo. El «¿Cómo debería funcionar?», se convirtió en: «Con Tu ayuda, gran Dios, funcionará. No sé cómo, pero Tu Padre conoces el camino, conoces nuestras preocupaciones y lo que necesitamos.» En este consuelo, en la fe y en la creencia, así también se durmió José.