Ser y apariencia

Escuela del Espíritu – 20.11.2020

Ved y captad, el tema de vuestro tiempo es la diferencia entre ser y apariencia, la diferencia entre saber y hacer, la diferencia entre atender y servir.

Comprended, el gran peligro de la verdad es lo que ella contiene, pues tener conocimiento es un poder que seduce muy rápidamente: Por un lado, al ensalzarse con ello poniéndose por encima de los demás; y por otro lado con la claridad, pues es una forma de ver que evalúa, divide y condena con demasiada ligereza. Ello requiere que la persona desee darse importancia con ese poder, le guste asumir una posición y responsabilidad por los demás, ser admirada por ello, ser honrada con favores y reconocimientos. Y también se necesita a los que prefieren evitar tomar la responsabilidad de luchar para conseguir el conocimiento en sí mismos; están muy contentos siguiendo a los instruidos; están felices con alguien que lo sabe mejor; alguien que sepa lo que es correcto; y con ello ya no acogen la responsabilidad del libre albedrío. Pues es más fácil, caminar detrás de alguien, que tener que cargar con uno mismo. Se busca a la persona que parece creíble, la que más nos impresiona con su conocimiento y se la sigue de forma ciega, pues uno mismo cierra los ojos, absorbe el conocimiento y lo hace suyo. Son aquellos que luego les gusta presumir con el conocimiento del instruido, enseñando a los demás, misionando, opinando, y diciendo a sus semejantes cómo y cuál es la verdad.

Ambos son los engañados: el instruido y su seguidor. El seguidor del instruido es el engañado, pues la propia verdad y la propia experiencia únicamente pueden convertirse en conocimiento en uno mismo a través de la lucha personal con lo propio, la victoria sobre la falta de voluntad y sobre el espíritu contrario de los aspectos del ego. Esa verdad en uno mismo se forma a través de la comprensión de la propia historia, se fortalece a través de las experiencias dolorosas en la creencia y la confianza, se perfecciona y es pulida en el amargo reconocimiento de la propia farsa y autoengaño.

El instruido se engaña a sí mismo, quiere que ese engaño sea confirmado por otros y cree tener razón. El dirigente utiliza a sus seguidores, quiere saber que le apoyan y tiene que convencerlos de su visión de las cosas. Si se le confronta con la verdad, la llamará mentira. Quien esté dispuesto a reconocerse a sí mismo, a verse en el espejo de la verdad, ese tendrá que ver lo qué se muestra en él y el estado en el que él se encuentra; pues solo el conocimiento no es suficiente, ni tampoco la creencia sola. Así Yo os enseñé como Jesús de Nazaret: «Solo el que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca.» Solo esa podrá resistir la tormenta. Y así los que creen ser los instruidos y opinan haber arrendado la verdad, pero no la viven con sus simpatizantes, ni en sus situaciones, no son dignos de su nobleza ni de su origen espiritual y se comportan indignamente; ellos tendrán que ver como se desvelan sus actos deshonrosos y cómo su apariencia se desmorona cada vez más, como un castillo de arena cuando el agua se seca.

Fueron y son las pruebas de examen, en las que se pregunta una y otra vez, hasta dónde puede llegar, cuánto podéis soportar, para así poder cargar. Las pruebas de examen de la vida son buenas e importantes y os protegen para que no construyáis sobre arena. Pues si vosotros construís siendo sinceros, basándoos en el reconocimiento y la veracidad, entonces seréis guiados de Mi mano, con un terreno seguro bajo vuestros pies y no expuestos al peligro del volar alto. Por eso a veces, el amargo reconocimiento y la decepción, os conducen a encontrar el verdadero camino y a recorrerlo paso a paso, no en la pregunta, ¿Estoy en lo correcto o no? ¿Tengo razón o no? sino: ¿Te sirvo a Ti o a mí yo personal? ¿Cuánto puedo dar ya? ¿Cuánto necesito para mí? ¿Cuánto puedo ya? Es un sopesar de cuánto ya es realizable, y si queréis, entonces va a ser posible cada vez más, paso a paso, no de la noche a la mañana, pero solo ¡Si lo deseáis del todo en vuestro corazón!

 

Hermano del Espíritu, Miguel:

¡Es el tiempo de las decepciones, pues cada vez más serán desvelados los engaños! Y así desvelo el engaño de los maestros blancos ascendidos que usan a Cristo para sí mismos y por lo tanto se convierten en maestros, en vez de rendir homenaje al Maestro de los maestros y honrarle por lo que Él hizo. Pues ved, hermanos míos, me dirijo a vosotros como mis hermanos y hermanas; y ved cómo estáis atrapados en las garras de las apariencias: ¿Hacéis vosotros lo que Cristo os enseñó? ¿Os encontráis en el cumplimiento, o más bien os sobrevaloráis adornando vuestras obras con nombres falsos, y dejando que vuestras enseñanzas funcionen bajo la etiqueta falsa? Yo os digo: Solo se encuentran en el servicio, los que aman a sus enemigos; los que están dispuestos a poner la segunda mejilla; los que están humildemente dispuestos a servir; los que están dispuestos a renunciar a su rango y a estatuas; los que no se dejan ensalzar como maestros por sus alumnos. ¡Al servicio del prójimo, en la unidad, solo como parte de una gran totalidad, sin rendirse nunca homenaje a sí mismos, sino al gran Creador Todopoderoso!

La espada que yo, Miguel, empuño es de doble filo, ya que trae la separación entre el ser y la apariencia. Solo aquel que lleve la unidad en sí mismo y no esté dispuesto a ir a la lucha contra otros, ese podrá conducir esto en el perdón, en el conocimiento, al discernimiento y a la comprensión: Ellos no saben lo que hacen, solo opinan hacerlo.

ESCUELA DEL ESPÍRITU

 

«Yo soy el ser espiritual dual de Cristo. Mi misión es conduciros en este camino. Se trata de la parte femenina del Plan de Retorno hacia el Hogar Celestial en el tercer Tiempo, que acaba de iniciarse.»