HIJOS

Visión – 24.11.2020

Veo madres, siete madres. Cada una tiene un niño en sus brazos. Tres de los niños gritan sin cesar. Las madres intentan cualquier cosa, pero no paran de llorar, no se tranquilizan. Gritan como si se les sacara el alma de sus cuerpos, tan insistentes, implacables e infinitamente desesperados. Las madres estiran los brazos con sus hijos hacia una figura que se les acerca. Él pone sus manos sobre los pequeños seres y al instante se calman, sí, comienzan a respirar profundamente y buscan con su mirada a la figura que está frente a ellos. Viste una túnica de color blanco puro con un cinturón dorado.

Sin embargo, tan pronto como las madres vuelven a colocar a los hijos en sus regazos, los niños comienzan de nuevo a llorar en voz alta hasta que se convierte en un gritos. Veo cómo se desarrolla esta situación en los hogares y las familias: Las madres están abrumadas y ya no pueden ayudarse entre sí, y los padres proponen todo lo posible e imposible para apaciguar y calmar a los niños.

Luego veo a otras tres madres. Sus hijos yacen flácidos, como sin vida, en sus brazos, sin tensión corporal, como si no hubiera más vida en ellos. Las madres, incapaces de valerse, sostienen a sus hijos ante el hombre con la túnica blanca y piden ayuda, sin decir nada, desamparadas y desvalidas. Él extiende Sus manos sobre ellos y al instante cobran vida, moviendo sus brazos y piernas y comenzando a patear como niños pequeños sanos. Sus rostros se iluminan, sonríen y buscan el contacto visual con el hombre que tanto bien les hace.

Si las madres vuelven a poner a sus hijos en el regazo, inmediatamente parece como si la vida saliera de ellos y vuelven a ser los cuerpos flácidos que aún respiran, pero que son incapaces de vivir.

Preguntando miro a Cristo, y Él baja la mirada, con tristeza y con gran pesar. No puede hacer nada si las madres no le llevan a Él a su lado. Así como los padres se preocupan por sus hijos, también Él se preocupa por ellas, por las madres que acogen en sus hogares y familias a las nuevas generaciones en sus regazos, para acompañarlas en sus vidas.

Cristo toma la palabra: «Cada vez más podrán encarnarse seres que desean vivir estando a favor del prójimo, los unos por los otros. Así que preparaos para ello. Una nueva y fuerte tropa de retaguardia se dirige hacia la Tierra y ya está aquí. Vosotras madres, educadlos dándoles orientación, y no los llenéis con vuestros medicamentos que sedan y reducen su consciencia. Despertad en ellos la competencia social y el sentido de comunidad, enseñadles a no ver la carga en los demás, si no a ver al hermano, siempre solo al hermano y a la hermana.»

VISIONES EN EL NUEVO TIEMPO

 

«Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré Yo mi Espíritu en esos días.»