DOS HERMANOS

Visión – 26.11.2020

Veo a dos hermanos. Uno se llama bueno, el otro se llama malo. Son los dos hijos de Adán y Eva. Son gemelos: Caín es el primogénito y Abel es el que nació después. Es como una gran obra de teatro en la que los roles se asignan y se eligen según el potencial.

Así hay el rol del malo: En ese se requiere fortaleza, fuerza, disciplina y una voluntad extremadamente grande. Caín elige su rol y se une a su padre Adán. Junto a él asume la culpa, pues Adán no resistió la seducción en la que también deberá trabajar con el sudor de su frente por su pan de cada día. Caín promete ayudar a su padre en este camino pedregoso hacia el conocimiento del bien y del mal. Promete ayudar a aprender a controlar la voluntad propia y conducirla de vuelta hacia la Voluntad del Padre. Caín es el gran hacedor, el productor, el fuerte, el conquistador, viene de la familia de los creadores. Asume el rol del malo.

Por otro lado, Abel acepta su rol: Ese exige longanimidad, generosidad, paciencia, valor de sacrificio y una gran misericordia. Abel acude a su madre Eva y promete ayudarla a transformar la seducción en la reparación, haciendo bien de nuevo y llevarlo de vuelta hacia la conducción del Padre.  Abel está caracterizado por una gran humildad y resistencia al sufrimiento. Proviene de la familia divina que son los sustentadores y mantenedores de la Creación. Asume el rol del bueno.

Poco a poco se encarnan seres de luz que se ponen al lado de Caín. Lo mismo sucede al lado de Abel. En todo está el deseo de embarcarse en el viaje del conocimiento del bien y del mal, dominarlo, llevarlo a su plenitud, a la consumación y conclusión. Dos enormes figuras de luz se elevan por encima de todos. Una lleva la energía mantenedora, el otro lleva la energía creadora. Ellos emiten una gran luz y en esa luz se sella con todos los seres responsables, el Plan de Conducción y de Retorno hacia el Hogar.

VISIONES EN EL NUEVO TIEMPO

 

«Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré Yo mi Espíritu en esos días.»