UNIDOS EN LA CREENCIA

28. NOVIEMBRE 2020

El hermano espiritual Gabriel:

¡Tal como María aprendió a creer, así creed también vosotros! Aprender a creer es un proceso y después una decisión, el querer creer. En aquel entonces, en el Segundo Tiempo, había todavía una mujer a la que se me permitió anunciar que tendría un hijo. Era Isabel, la esposa de Zacarías, que era sacerdote. Yo dije a Isabel que su hijo prepararía el camino para el Salvador, el Hijo de Dios. El Salvador redimiría al pueblo de Dios de la necesidad, de la miseria de los seres humanos. El hijo que concebiría en su regazo se llamaría Juan. La alegría de Isabel fue enormemente grande, ya que había sufrido mucho por ser estéril.

Yo Gabriel visité a su esposo mientras él servía en el templo. No solo me escuchó, sino que también pudo percibirme y verme. Cuando escuchó mis palabras, dudó del mensaje y de mis palabras, y a pesar de que le fueron dadas, él las contrarrestó con la lógica humana. Sabed, cuando esta resistencia es demasiado fuerte y el ser humano no está listo para aceptar el proceso de fe, entonces a menudo debe cambiarse el plan original. Para que no pudiera transmitir sus dudas a Isabel, se le paralizó la voz a Zacarías y así recibió tiempo para reflexionar. También le dije que el nombre del niño debería ser Juan. El sacerdote Zacarías se quedó mudo a partir de nuestro encuentro. No pude ni me estaba permitido darle una visión de la tarea que debería asumir su hijo. A la incredulidad no se le da ninguna descripción ni visión divina. Esta es una legitimidad que se dio y se da en todos los tiempos, y que no puede pasarse por alto con conocimiento.

Cuando María llegó a la casa de Isabel, las dos mujeres, la joven y la anciana, estaban extremadamente felices, pues su creencia y fe en mis palabras se cumplía. Isabel sabía a través de mi mensaje, que una virgen recibiría al Salvador de la humanidad. Cuando vio a María, supo de inmediato que María era esa mujer. En la fe de ambas se desarrolló una cercanía que nadie pudo compartir con ellas, ya que únicamente ellas creían en ello y en esa fe se encontraban íntimamente unidas.

Oh, ved, seres humanos del tiempo actual, ved y comprended: Lo mismo sucede con vosotros. Aquellos que aprenden a creer y hacen experiencias en su camino de la fe, esos se sienten unidos de una manera muy especial. Ellos están unidos en el Espíritu de Dios, que envuelve como un halo mágico a los que pueden creer. Así yo fortalezco vuestra fe: Todos los que leéis estos mensajes, vosotros también recibiréis las confirmaciones e indicaciones que necesitéis. Se os darán aclaraciones y visiones globales de un nivel elevado, pues ahora vuestra fe lo permite y a los primeros seres humanos les será posible elevarse hacia el Espíritu de Dios.

Así yo Gabriel, también os anuncio: ¡No temáis! ¡Vuestro Salvador ha nacido y ahora se cumple el tiempo que os fue prometido y anunciado, en el que Cristo el Salvador vuelve a tomar la conducción, se proclama la Salvación de la humanidad y tiene lugar el Retorno de las almas hacia el Hogar!

HOJA DE CALENDARIO

 

«Sabio, sabio el que sabe escuchar Mi voz, la reconoce como tal y la puede aceptar. Bienaventurado, el que reflexiona y es capaz de observar sus obras en Mi luz. Bienaventurado, el que se esfuerza por alcanzar la perfección, todos los días, en cada hora, si, en cada momento.»