SAL Y PIMIENTA

27. NOVIEMBRE 2020

Palabras de Cristo en el Tiempo del Espíritu

Yo hablo con gran preocupación en vuestros días y os pido, que no os dejéis envolver en la espiral negativa que quiere apoderarse de vosotros. Y si estáis afectados por vuestro propio enfado, vuestra ira, que ya no podéis controlar y se descarga sobre vuestro prójimo y repercute en vosotros, entonces comprended la gran tensión en la que se encuentra todo, en la que también se encuentran aquellos que se han decidido por Mí. Agarraos fuerte, agarraos fuerte a Mis palabras y esforzaos para que no os apartéis de Mi camino, pedid perdón a vuestro hermano, a vuestra hermana y deponed las armas. Ya no son espadas y cuchillos, son vuestras palabras, las que hieren más de lo que pueden hacer las armas. Son vuestras lenguas afiladas, sin amor y sin piedad, las que golpearon innumerables veces y siguen golpeando. Comprended: Las palabras son como armas con las que vosotros lucháis y queréis vencer. Nuevamente cito a un político que dijo: «Muy poca sal y demasiada pimienta», eso es una buena comparación con las cosas que suceden en vuestra aula de escuela, en el planeta Tierra. Y ahora os pongo la pregunta para que lo consideréis: ¿Qué pasa con la sal que deberían ser los cristianos? Pero si la sal ya no es sal, ¿para qué sirve? Si vuestras palabras son solo palabras vacías que no están llenas con vuestro corazón, vuestras convicciones y vuestra vida, entonces no van a ser tomadas en serio, no serán escuchadas, ni aceptadas. Y si una sopa tiene muy poca sal, no se podrá equilibrar con mucha pimienta, pues se vuelve incomible y deberá desecharse.

HOJA DE CALENDARIO

 

«Sabio, sabio el que sabe escuchar Mi voz, la reconoce como tal y la puede aceptar. Bienaventurado, el que reflexiona y es capaz de observar sus obras en Mi luz. Bienaventurado, el que se esfuerza por alcanzar la perfección, todos los días, en cada hora, si, en cada momento.»