MUNDO CULTO E INSTRUIDO

25. NOVIEMBRE 2020

Palabras de Cristo en el Tiempo del Espíritu

En vuestro mundo culto e instruido me habéis declarado a Mí como anticuado y pasado de moda; Mis Mandamientos y la enseñanza de Mi Hijo se han declarado como utópicos; la buena educación y la moral desaparecen cada vez más. El poder y el éxito han sido proclamados como el nuevo dios.

Ahora la humanidad tendrá que ver hacia dónde lleva todo esto. Vuestros jóvenes crecen en el mayor engaño de la historia de la humanidad. Son dependientes, están esclavizados por la ilusión en la que viven y no se dan cuenta. Se les puede dirigir y manipular, pues todos crecen en su propia verdad, que ha sido declarada como dios. Así los engañados y manipulados comenzarán a estar a su favor y a defenderla. En el mundo aparentemente tolerante ya no se acepta la opinión de otros, ya que con la opinión propia se calientan los ánimos, y es expuesta con carteles en manifestaciones.

Ved y comprended hacia dónde os lleva esto: Hacia el estar los unos contra los otros, a la batalla, a la guerra, que tiene lugar en vuestras calles, lejos del encontrar una solución común. Vuestra juventud ya no puede distinguir entre lo real y lo irreal, lo verdadero y lo falso, ya que crecen en un mundo que no enseña este discernimiento, sino que fomenta la mezcla y la confusión. De forma dolorosa tendréis que experimentar hacia dónde os llevan vuestro mundo culto e ilustrado y esa libertad que vosotros habéis elegido. La situación mundial en la que todo está atado y retenido por un virus debería ayudaros a cambiar de opinión y a orientaros hacia algo mejor. Podéis reflexionar sobre lo que es importante, sobre quién es importante. O si la vida de ilusión en vuestra red de internet puede reemplazar al mundo real, la comunicación real y la vida real.

¡Reflexiona, oh ser humano, contrólate! Si no tu decepción va a ser amarga y el reconocimiento al que serás conducido va a ser muy, muy amargo.

HOJA DE CALENDARIO

 

«Sabio, sabio el que sabe escuchar Mi voz, la reconoce como tal y la puede aceptar. Bienaventurado, el que reflexiona y es capaz de observar sus obras en Mi luz. Bienaventurado, el que se esfuerza por alcanzar la perfección, todos los días, en cada hora, si, en cada momento.»