SALVACIÓN DEL ALMA

18. NOVIEMBRE 2020

Palabras de Cristo en el Tiempo del Espíritu

Y si vosotros rezáis, «danos nuestro pan de cada día», entonces reconoced: el cuerpo necesita alimento. De lo que no sois conscientes es que vuestra alma también necesita nutrición y comida. Cuan exageradamente se preocupan actualmente las personas por su cuerpo. Pero ¿se preocupan los seres humanos, sí, la humanidad, también por su alma, que es la portadora del cuerpo? Todas las terapias no sirven de nada cuando se trata de perdonar y pedir perdón. No debería buscarse al culpable, sino la culpa que hay que superar. ¿En cuántas situaciones evade la persona, huyendo para no tener que afrontar el lenguaje de la situación? Pero, ¿qué llevan consigo las situaciones?: Lo que no está purificado. Y lo no purificado se convierten en suciedad, contaminando las envolturas del alma, el vestido del alma. La vida humana es finita, la vida del alma es infinita. Entonces, ¿dónde debería ver el ser humano su tarea? ¡Cómo se limita a sí mismo, si solo cree en la materia y en lo que siente!

¿Y quién percibe cuánto sufre el alma por la contaminación de su vestido? El ser humano tiene insomnio, ansiedad, miedos, incluso ataques de pánico, sin ningún motivo externo. Él necesita terapias, busca la ayuda en todas partes donde se hagan promesas de curación, consulta las estrellas y se entrega a prácticas extrañas. ¿Por qué es esto así? Porque la humanidad ya no se encuentra a la altura de la exigencia que ha puesto en los valores y opiniones que ella misma ha creado. ¡Piensa, oh hombre en tu alma, piensa, oh hombre, en el viaje de tu alma, ten en cuenta la salvación de tu alma! ¡Y así Yo, Cristo, llamo a los verdaderos consejeros espirituales del Nuevo Tiempo, a aquellos que conocen estos trasfondos espirituales, y ayudan a conducir la culpa y la carga del alma hacia el perdón, la redención y la sanación!

HOJA DE CALENDARIO

 

«Sabio, sabio el que sabe escuchar Mi voz, la reconoce como tal y la puede aceptar. Bienaventurado, el que reflexiona y es capaz de observar sus obras en Mi luz. Bienaventurado, el que se esfuerza por alcanzar la perfección, todos los días, en cada hora, si, en cada momento.»