HEROÍSMO

Mensaje Mundial – 30.11.2020

El ser humano se ve enfrentado a todo tipo de cosas, teniendo en cuenta lo que escucháis, veis y leéis en los informes de vuestros medios de comunicación. Una gran calamidad que pertenece a la expulsión del Paraíso es el miedo. Él pertenece a la humanidad y toda persona se ve confrontada con el miedo. Es tan diverso y tan grande, que puede mantener a las personas dominadas y bajo control. Miedo a la vida y al morir; miedo a la necesidad y al sufrimiento; miedo a la limitación y la pérdida; miedo a la proximidad y al distanciamiento; miedo a la guerra, al hambre y la pobreza; miedo a la culpa y a la expiación; miedo al futuro y al pasado; miedo a la soledad; miedo a la dictadura, a la violencia y a la opresión. Muy larga, muchísimo más larga es la lista de los miedos que forman parte de la vida. Por este motivo, el ser humano ha creado las seguridades: Las compañías de seguros deberían proteger de daños y ayudar en caso de emergencia; la policía y los militares fueron creados y equipados con atribución, para ser empleados como agentes de la ley y del orden, y poder contrarrestar todos esos temores. A pesar de los seguros, a pesar de la policía y del ejército, a pesar de los servicios secretos, los espías e informantes, los seres humanos se encuentran a merced de la vida o la muerte, de hecho son conducidos hacia sus efectos, al equilibrio, a la reparación y a la verificación. Yo os pregunto, ¿Qué más queréis hacer al respecto? ¿Almacenar más armas? Sabed, el que más armas produce, es el que más miedos tiene; quien las fabrica y comercia con ellas es responsable, se encuentra en la responsabilidad de sus obras y de lo que causa. Quien pone en marcha un ejército y lo arma cada vez con mayor fuerza destructiva, siempre listo para el ataque y para la defensa militar, ese prepara el terreno para ese acontecimiento, y teme sus propias imaginaciones. Si y peros, podría y sería, eso son las limitaciones que los seres humanos llevan en sí mismos como miedo. ¿Pero qué sucede si vuestro adversario es solo vuestra propia proyección? ¿Qué sucede cuando los dirigentes muestran fortaleza, y en realidad son débiles?

¿Cómo encuentra el ser humano la salida de esta trampa del miedo? ¿Cómo es el camino, cuál es la solución? Quien afronte su miedo necesitará valentía, mucha valentía, incluso heroísmo, y se hará consciente: «Sí, todo eso puede suceder. Sí, cada uno puede sufrir y morir. El morir sucederá de todos modos algún día.» La muerte acompañará al ser humano hasta que consiga salir de la rueda de la reencarnación. Entonces ya no estará atado, pues ya habrá dejado de lado sus miedos y habrá expiado su culpa. ¿Quién puede ser considerado responsable de la vida de los demás? ¿Quién culpa a otros por la muerte y el fallecimiento de personas en vuestra pandemia? ¿Quién puede prolongar la vida, añadiendo más años de vida? Si la humanidad presume ser responsable de ello, intentando prevenir y combatir la muerte por todos los medios, entonces surge la pregunta: ¿Qué se debe prevenir? ¿Quién quiere prevenir lo que se encuentra como tarea en el plan del alma, en el plan de las naciones y en el plan del mundo? Aquel que quiera impedir, ese no ayuda, aunque le parezca que ayuda. Visto desde Mi Verdad, él impide la expiación, la reparación, entorpece el desarrollo y la evolución, pues no ve que son tareas elegidas para alcanzar el perfeccionamiento y la superación. ¡Dejad de querer influenciar en el transcurso de la vida con cosas externas y por todos los medios! ¡Dejad de manipular y de hacer chapuzas en la gran ley de gracia de Dios, que se dio y ha sido dada a los seres humanos para su reconocimiento y desarrollo! Vuestro miedo os hace indignos y pequeños. ¡Oponedle vuestra valentía! ¡Luchad con todos los medios contra vuestro miedo, pues os tiene bajo control a vosotros y a los responsables de este, vuestro tiempo!

¡Dios mantiene el gobierno en vuestro teatro mundial! Y si Él lo permite y lo deja suceder, ¿no podría hacer lo mismo el ser humano? ¿Por qué estáis tan asustados? ¿Por qué tan indignados? ¿Por qué tan llenos de preocupación? La muerte es vuestro hermano. Un hermano espiritual que quiere sacaros del valle de lágrimas y del dolor para llevaros a la siguiente realidad; que os recoge y os da nuevas visiones de vuestra vida pasada, para que así el ser humano pueda reconocer lo que ha hecho, de bueno o de malo, con su existencia terrenal, con su alma y su madurez del alma. Si estigmatizáis a aquellos que aceptan humildemente lo que muestra el virus con la corona, entonces reflexionad otra vez: ¿Quién tiene el valor para dejar que la vida siga su curso, aceptar el final de la vida y creer en un nuevo comienzo? ¿Quién tiene la valentía? ¿Quién tiene todavía miedo del hombre negro de la guadaña, que en realidad y en verdad, es un mensajero celestial para aquellos que han entendido la vida y su significado? Yo fortalezco a los dirigentes portadores de responsabilidad cuyas palabras os parecen demasiado duras, pero que tienen la valentía de decir lo que muchos piensan: No existen casualidades. Y así hay algunos que han entrado en este gran proceso de reconocimiento para aprender. Yo, Cristo, os vuelvo a decir de nuevo: No es lo que pensáis. ¡Vuestra situación no es una maldición, sino una bendición! Esta situación debería traeros descanso, debería traeros la verdad, debería daros silencio, y en ella podría aprender la humanidad a reconocerse a sí misma.

¡Reflexionad sobre estas palabras Mías, pues son enseñanzas cósmicas, trasfondos cósmicos! ¡Pero la humanidad aún no está preparada para verlas, para comprenderlas y para alegrarse con esta forma de ver las cosas, sí, para alegrarse! ¿Por qué, os pregunto Yo, es el morir un acto tan triste? Es solo una despedida por un corto tiempo, es un ascenso a mundos más luminosos, y siempre es un nuevo comienzo, con nuevas posibilidades. Mirad el amanecer, como brilla y os lleva al nuevo día. Mirad también el atardecer, como brilla para vosotros en el anochecer y al final de vuestra vida os conduce desde la pesadez de la materia hacia la ligereza de la luz. Algún día ofreceréis con alegría al Padre vuestros frutos del Espíritu; uno de ellos es vuestra confianza; un fruto se llama fe y creencia; otro es vuestra valentía; y otro es vuestra lealtad.

 

EL TERCER TIEMPO

 

«Yo, vuestro Dios y Padre celestial, elevo de nuevo Mi palabra en el tercer Tiempo a través de canales ennoblecidos y purificados, a través de mensajes en el tercer Tiempo, en el idioma de espíritu a espíritu, en el que Cristo conduce a sus seguidores.»