No puedo hacer más por vosotros

Mensaje Mundial – 01.09.2020

No queréis escuchar la verdad, Mi verdad, pero tengo que decirla y dejar que sea visible, pues la verdad es parte de la misericordia, de la gracia de Dios! Yo soy vuestro amoroso hermano Cristo y me duele ver a la humanidad así. Ver cómo los seres humanos desinhibidos y sin escrúpulos manchan sus almas con sus actos, pierden su honor y mancillan su dignidad. ¿Cómo puedo callar si conozco la angustia en la que se encuentra el alma, pues ella tendrá que experimentar y sentir todo lo que ha causado y hace contra otros? «El que cava un hoyo para otros, él mismo cae en él», así dice vuestro proverbio, y lo mismo digo Yo, Cristo. Vosotros pensáis demasiado humanamente pues opináis y os convencéis de que después de vuestra muerte todo ha terminado. Vosotros decís: «Nadie ha vuelto todavía», pero Yo os digo, la rueda de la reencarnación os trae una y otra vez de vuelta a la tierra, en tanto todavía estéis atados a esta Tierra. Nacer de nuevo en la Tierra, en la carne, encarnándoos de nuevo como alma, para disolver culpa, para enmendar de nuevo. Nacer de nuevo en el Espíritu significa estar libre de miedo, libre de culpa, mediante el conocimiento, mediante el arrepentimiento, mediante la penitencia, la reparación y la compensación. Quien nace de nuevo en el Espíritu recibe una visión del camino del alma, recibe una visión de lo que vosotros llamáis misterios de Dios, ese comprenderá la verdad y la misericordia de Dios, comprenderá la ley de la siembra y la cosecha.

Recodad cómo eché a los mercaderes del templo de nuestro Padre, cómo dije con santa ira que la Casa del Padre no debería ser un lugar de comercio. Denominé al templo de Jerusalén como cueva de ladrones, pues el templo debería ser una casa de oración. Esta imagen externa es ahora válida para vuestros corazones, el ser interno de vuestras almas, pues debería convertirse en un templo, limpio y puro, en el que Mi Luz Redentora pueda brillar cada vez más y vosotros volváis a ser lo que cada ser humano es, el hijo y la hija de Dios. Yo, Cristo, he venido de nuevo para daros aclaraciones, instruiros y conduciros hacia la Verdad. ¡Así que no os rebeléis contra Mis palabras, ved más bien en ellas el cetro de hierro de la Justicia, que muestra a cada uno el mismo camino, ayudándole a encontrar el conocimiento del bien y del mal, para aprender a diferenciar entre los espíritus de este mundo y el Espíritu de Dios! ¡Vuestro mundo con todas vuestras verdades, logros y ciencias se hundirá, se derrumbará! Se disolverá la ilusión en la que el ser humano egocéntrico quería y quiere vivir. La segunda muerte es el nivel de todos aquellos que quisieron vivir sin Dios y desean continuar así. ¡Sabed, el mundo de aquellos que sigan manipulando en la Creación de Dios y coman de nuevo del árbol del conocimiento, no podrá salvarse! La creación externa es conducida de regreso a la materia parcial, la extinción de las especies os lo está mostrando, así mismo la de los árboles y los arbustos. ¡Salvaos a vosotros mismos, abandonad los caminos de la voluntad propia, del querer ser y poseer, convertíos en lo que todos sois, hijos e hijas de Dios! Quien ahora lea estas palabras, quien sienta Mi llamada en sí mismo y la siga, ese será llevado al bote salvavidas, el Arca Espiritual que transporta hacia el nuevo Tiempo a todos aquellos que pudieron elevar su potencial de luz y su vibración. Sabed, 1000 años van a separar a aquellos que aceptaron Mi Redención y a los que no lo hicieron y se dejaron seducir por las teorías de auto redención de los maestros blancos, que encarnan al anticristo y consiguieron hechizar a muchos. Esta auto redención es esperada por aquellos que la han elegido. El libre albedrío es sagrado, pues es característico de los hijos de Dios y por eso se respeta lo que cada uno decide. Yo, Cristo, os hablo. Yo, Cristo, os llamo. Yo, Cristo, he aportado todo para vosotros, para vuestra redención. Yo he cargado con la culpa, vuestra culpa sobre Mí, sí, dejé que me ridiculizaran y se burlaran de Mí. Me ofrecí como cordero del sacrificio por vosotros. ¡Yo di Mi vida por vosotros, más no puedo hacer por vosotros!

EL TERCER TIEMPO

 

«Yo, vuestro Dios y Padre celestial, elevo de nuevo Mi palabra en el tercer Tiempo a través de canales ennoblecidos y purificados, a través de mensajes en el tercer Tiempo, en el idioma de espíritu a espíritu, en el que Cristo conduce a sus seguidores.»