Abraham, el patriarca

Visión – 08.09.2020

Yo vi la escena en la montaña, vi cómo Isaac sin decir nada se recostaba sobre una roca, vi cómo cerraba los ojos y vi cómo en su corazón se entregaba a Dios. De la misma forma, vi a Abraham levantar el cuchillo con un dolor indescriptible y un esfuerzo increíble para consumar el gran sacrificio. Abraham se encontraba en el equilibrio de la ley de causa y efecto, recibiendo la falta de misericordia que él mismo había causado a su pareja Hagar y a su hijo primogénito Ismael. Por esto él se encontraba ahora en el cumplimiento y tenía que sacrificar y ofrecer a su hijo Isaac al gran Todo-Uno, en la más elevada entrega. El padre y el hijo, ambos estaban dispuestos a ser fieles a su fe y a ofrecerse ante el Dios Todo-Uno. Abraham estaba dispuesto a sacrificar la tierna vida de su amado hijo Isaac, por amor a Dios-Padre y a su hermano Ismael. Abraham hacia esto como demostración de que ponía la voluntad de Dios por encima de todo lo demás, entregando y devolviendo al Padre a su amado hijo y su vida, sabiendo que Dios no le pediría nada malo y con una confianza inquebrantable de que Dios también tendría un plan para Isaac. ¡Todo tiene un sentido, con Ismael, el querido, así como con Isaac, el prometido, pues ambos se encuentran bajo la conducción de Dios! Con gran obediencia, fe y confianza, Abraham levantó su cuchillo. ¡Se sentía como si el Cielo estuviera conteniendo la respiración: El padre Abraham y el hijo Isaac en la gran prueba de máxima lealtad!

Abraham extendió la mano para asestar el golpe mortal cuando el brazo levantado de Abraham fue retenido por un poderoso ser celestial. Al mismo tiempo se escuchó la voz del ángel: «¡Detente Abraham, el sacrificio ya ha sido realizado! ¡En tu corazón ya has hecho el sacrificio!» Después, el ángel se dirigió a Isaac: «¡No temas Isaac, abre tus ojos, el sacrificio de Abraham ya ha sido realizado y cumplido también con tu disposición y tu entrega!» Padre e hijo se miraron incrédulos, luego Isaac se levantó de un salto, y se puso a bailar alegre y feliz en el prado, abrazó a su padre y juntos bailaron como niños llenos de alegría. Se abrazaron y saltaron en círculos. Luego se quedaron muy quietos, humildemente se arrodillaron en el suelo y agradecieron a su Todo-Uno, el gran Dios.

El ángel continuó diciéndoles: «¡No temáis, escuchad más bien el coro de júbilo de los ángeles! Abraham, mira y comprende: Con tu profundo arrepentimiento, tu fe, tu obediencia, tu lealtad y tu entrega has puesto los cimientos para el pueblo de Dios. Tu descendencia será tan numerosa como las estrellas, eso es y te fue prometido. ¡Esa promesa es y será realidad! Isaac, tu hijo de la promesa, tú fuiste con tu padre, te entregaste por amor a él, para ayudarle a cumplir la voluntad de Dios, tú también ayudaste a construir este fundamento, le diste a tu padre el honor y así te has convertido en un servidor de Dios. El pueblo de Dios preparará el gran plan de salvación a través de ti y de tu descendencia, también a través de Ismael y sus hijos. Sobre Ismael, tu hermano y sus hijos, se fundará una descendencia, una estirpe de voluntad fuerte y sentido del orden; ellos lucharán y defenderán la justicia con fuerza y sin miedo. Y sobre ti, Isaac, a través de tu descendencia, de tu estirpe, vendrá luz en el mundo de las sombras con vuestra fortaleza de fe y de creencia, fidelidad, esperanza y confianza. El plan de Dios se basará en los dos hijos de Abraham. Isaac será fuerte en la fe y traerá el Reino de Esperanza y Misericordia a la tierra. Dos partes de un plan, un todo, pero pasará mucho tiempo antes de que los dos hijos, las dos partes del pueblo de Dios, se entiendan y se vean de nuevo como una unidad.» Isaac miró al ángel y preguntó: «¿Quién ayudará a Ismael?» «Los ángeles y los mensajeros de Dios estaban con él y estarán con él.» Con estas palabras el ángel desapareció y un carnero baló, estaba atrapado en una zarza. Padre e hijo sacrificaron el carnero al gran Dios. A partir de ese momento los cuernos del carnero se tocaban como trompeta en los días de fiesta en el pueblo de Dios. Cada vez que suena el shofar, recuerda a las personas de fe que deben sacrificar por Dios muchas cosas que habían sido amadas.

 

VISIONES EN EL NUEVO TIEMPO

 

«Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré Yo mi Espíritu en esos días.»