El tribunal

Visión – 13. 04. 2020 – Lunes de Pascua

Entré en una habitación grande y sombría, era como un tribunal. Frente a mí había siete hombres con togas negras y rostros siniestros. Yo los conocía y sabía sus nombres. Detrás de mí había una multitud, yo también los conocía, ¡yo conocía a cada uno, yo los conocía a todos! La atmósfera era deprimente y pesada. Sentí las miradas en mi espalda, esas miradas me causaban un gran dolor.

Ahora se leyó mi acusación. Escuché sus palabras, pero no entendí lo que decían. Sin embargo, sabía que me estaban juzgando. ¡Me acusaban a mí! Sabía que testificaban en mi contra, aportando hechos y pruebas. Sus declaraciones, hechos y pruebas eran una completa mentira. ¿Cómo podría ser? ¿cómo fue posible? Fraude y engaño fueron servidos y presentados como verdad. Cada pregunta se mataba en su raíz y se hacía desaparecer con refinados lógicos argumentos.

No se trataba de verdad ni de justicia, a nadie parecía importarle. No se trataba de justicia, no era un tribunal. Fue un tribunal en el que la verdad y la justicia eran llevados a juicio. Se trataba de engaño, encubrimiento, traición y fraude, con la táctica de transformar todo en el sentido contrario. Antes de que comenzara el juicio, yo sabía que me declararían culpable.

Yo percibí una gran nube negra que cubría a todos los involucrados. Una niebla progresiva que impedía la visión clara, y ahora envolvía también a aquellos que aún tenían dudas sobre los acontecimientos que habían vivido.

Ahora vi un dragón rojo arrojando fuego, una serpiente esparciendo su veneno. Los jueces y la multitud del pueblo fueron infectados por ese fuego y ese veneno. El maleficio se proclamó sobre mí, me convirtieron en un enemigo público, como si hubiera pactado con el diablo. Se influyo a la multitud y al pueblo, de forma que los que estaban de mi parte temían que les sucediera lo mismo que a mí. Ahora todos ellos se retrajeron, incluso aquellos que mejor lo sabían, aquellos que conocían la verdad y aquellos que no podían decir nada malo sobre mí. Por miedo a la exclusión, a ser desterrados del pueblo y a la traición, cayeron todos ellos de nuevo en las garras de los que les continuarían explotando y manipulando.

Yo sentí una vez más el gran dolor de la injusticia y escuché en mi interior: «Tú hiciste todo tal como Yo también lo hubiera hecho. El reconocimiento de la Verdad lo tiene que conseguir cada uno por sí mismo.»

Yo fui elevado ante sus ojos, como si una mano invisible hubiera eliminado sus acciones.

VISIONES EN EL NUEVO TIEMPO

 

«Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré Yo mi Espíritu en esos días.»