Juicio mundial

Visión – 11. 04. 2020

Yo me encontraba en una calle y percibía un gran ajetreo. Vi que algo se estaba organizando, como si se estuviera preparando la calle para un gran desfile.

A continuación, me vi al lado de una columna, que era enorme. En este lugar también había otros grandes edificios y muchas más columnas, como en la antigua Roma. Yo estaba situada todavía al lado de la enorme columna, hasta que de pronto se cambió mi perspectiva. Como si me elevara sobre la situación, ahora veía lo que estaba sucediendo desde muy arriba. Las poderosas columnas ahora eran pequeñas y, sin embargo, ni siquiera podía ver toda la situación. Era algo grandioso.

Había muchas, muchísimas columnas en un semicírculo. Había gente por todas partes, muchísimas personas, todas orientadas hacia el centro del semicírculo. De repente supe que el tribunal se encontraba en el centro. Supe que los que se encontraban ante el tribunal veían sus actuaciones, como en una película. Era un tribunal abierto en el que todos podían ver lo que estaba sucediendo, también la película del que se encontraba ante el tribunal.

Cristo es el juez y, sin embargo, no lo es. Quien se encuentra ante el tribunal tiene que pronunciar su propio juicio. Cristo es el que espera el resultado del juicio y perdona, salva y redime la culpa, solo cuando la culpa es reconocida y hay arrepentimiento. Entonces puede depositarse todo en el cuenco de fuego. Yo sentí la gran misericordia del juicio, la gran posibilidad de expiación y liberación de la culpa existente.

Entonces sentí, como uno de los que en ese momento estaba siendo juzgado no admitía su culpa y se marchaba sin entregar sus vicios y cargas a la Redención. Yo sentí el gran dolor del Señor y de todos aquellos que entendieron qué efectos tendría que soportar ahora esa persona y qué gran oportunidad había desaprovechado. Un gran dolor cada vez que alguien decide, el no aceptar la Redención.

VISIONES EN EL NUEVO TIEMPO

 

«Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré Yo mi Espíritu en esos días.»